miércoles, 17 de junio de 2009

LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA

Uno de los tesoros más grandes que cada uno de nosotros tenemos es la familia. ¿Qué seria de nosotros sin nuestra familia, sin nuestro hogar? En la familia encontramos el apoyo, el bienestar, el calor afectuoso y sobre todo el amor que toda persona necesita para poder desarrollarse saludable y armoniosamente.


La Familia nos provee las alegrías más grandes que podamos experimentar. No hay mayor felicidad que estar con los hijos o que visitar a los padres y familiares. Pareciera que cuando todo anda bien en la familia, todo anda bien en la vida. Sin embargo, la familia es también la causa de las más grandes preocupaciones y dolores que uno pueda tener, ya que cuando hay problemas familiares o cuando algún miembro de la familia anda mal o ha sufrido una enfermedad, un accidente o algo semejante, nos sentimos terriblemente mal, nos parece que el mundo se nos viene abajo. La felicidad familiar, por lo tanto, está en relación directa con nuestra felicidad personal.


Es sumamente importante que hagamos todo lo posible para proteger a nuestra familia de los terribles peligros que actualmente afronten. El bienestar nuestro, de nuestros hijos y de toda la nación depende del valor que damos a la familia. La gran pregunta es, ¿Cómo podremos proteger a nuestras familias? Hay tres áreas especiales donde debemos trabajar incesantemente para proteger a nuestras familias, a saber, la física, la moral y la espiritual. Veamos en que consiste cada una de ellas.


LA PROTECCIÓN FÍSICA


Debemos cuidar, velar a cada uno de los .miembros de nuestra familia contra cualquier peligro físico que pueda atentar contra ellos, contra su vida o contra su salud, etc.Debemos velar por su bienestar general; es decir, debemos interesarnos en cada uno de sus miembros y vigilar de cerca su situación.

LA PROTECCIÓN MORAL

Debemos velar por el área moral. Los hijos deben ser instruidos acerca de los grados de riesgo que corren al participar de cosas ilícitas y dañinas que corrompen su cuerpo y su alma. El ejemplo y la enseñanza que reciben en el hogar es fundamental.


LA PROTECCIÓN ESPIRITUAL

La tercera gran protección que se debe dar a la familia es la protección espiritual; es decir, buscar diariamente la protección divina, ya que solamente la presencia de Dios nos protegerán física y moralmente, la fe religiosa ha sido considerada como uno de los grandes elementos en la felicidad de los individuos y ciertamente lo es también en la familia en general.


LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA COMUNICACIÓN

La buena comunicación debe existir entre todos los miembros de la familia. En todo momento las líneas de comunicación deben estar completamente abiertas. En la comunicación se da a conocer claramente las expectativas de conducta y las reglas del hogar.


Vivimos en un mundo muy difícil, con grandes peligros que amenazan a destruir lo mas grande que tenemos. Solo con la ayuda de Dios y la dedicación y el esfuerzo de cada miembro, podremos proteger a nuestra familia y ser completamente felices.

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APOSTOL DAVID LLADÓ

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martes, 9 de junio de 2009

LOS HÁBITOS FAMILIARES COMO TRANSMISORES DE VALORES

El hogar es el auténtico formador de personas. Los niños aprenden continuamente de sus padres, no sólo de lo que éstos les cuentan, sino sobre todo, de lo que ven en ellos, cómo actúan, cómo responden ante los problemas. En definitiva, los niños observan y copian el proceder de sus padres ante la vida. La auténtica educación en valores, más que enseñarse, se transmite, pasa de los padres a sus hijos desde el mismo día del nacimiento hasta el final de la vida. Los primeros años de vida es fundamental en la vida de una persona. Hasta los seis o siete años de edad, para los niños lo que dicen los padres son "verdades absolutas". Conforme se hacen mayores van comprendiendo mejor por qué es importante actuar de cierta forma y no de otras, pero siguen guiándose por lo que ven en casa, especialmente hasta los doce años. De ahí la tremenda importancia de educar a los niños a través del ejemplo para desarrollar una educación cívica.


El hogar es la principal fuente de valores, derechos y deberes del niño.


¿Qué "hábitos-valores" fomentar? Seguro que usted mismo tiene la respuesta. Sólo tiene que pensar en qué tipo de personas gustaríamos que fueran nuestros hijos y actuar de la misma manera.


El civismo, el respeto, la honestidad y todos los valores humanos son en gran medida hábitos, rutinas que aprendemos en la familia de forma inconsciente y que más adelante llegamos a valorar con la reflexión que permite la madurez.


Los valores se transmiten a través del ejemplo, pero se asientan con fuerza gracias a la comprensión de por qué son necesarios.


"Haz por los demás lo que te gustaría que hiciesen por ti, y no les hagas lo que no te gustaría que te hiciesen".


Como está escrito en Su Palabra : “Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.”


Familia Peniel, sepamos guiar nuestros hijos a través de la Palabra de Dios. Somos agentes de cambio en nuestra sociedad. Hoy en esta fecha donde cumplimos 23 años de existencia es necesario que con mayor firmeza cultivemos los valores éticos morales y espirituales, para que como ejemplo en nuestro hogar seamos usados por Dios para alcanzar a otras familias.


Gracias Señor, porque Tu nos guías día a día.

Apóstol David Lladó

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LA FAMILIA

La principal esperanza del hombre es ser feliz; hemos sido creados para la felicidad y buscamos la misma como una necesidad. Nuestro desafío es encontrarla, donde ella está y no donde queremos que esté. La felicidad se encuentra en los lugares o en las personas mas simples que jamás pudiéramos imaginar, pero la verdad es que la felicidad perfecta solamente puede ser encontrada de manera real y permanente en Dios; Fuente de felicidad eterna. Dentro de las cosas humanas, el casamiento es el que mas chance tiene de ejercer y encontrar en él profundidad para esta vida. O sea el matrimonio, es un paso mas allá del casamiento.


Según el diccionario, el CASAMIENTO es la unión solemne de dos personas de sexo opuesto, con legitimación religiosa y civil. El MATRIMONIO es la celebración solemne siendo un sacramento de la iglesia. Encontrar el compañero (a) para esta jornada es uno de los mayores desafíos del hombre moderno. En este mundo globalizado, ambos tienen que estar dispuestos a complementaren el uno al otro y no ser inflexibles en sus individualidades.: Principio fundamental del matrimonio.


El MATRIMONIO es aun la fuente estabilizadora de las sociedades, por ser la base para la generación de las familias. Es donde las virtudes humanas son iniciadas y profundizadas a través de los ejemplos de vida. Cuando queremos destruir una nación es solamente eliminar la familia. Aun que hubo muchas alteraciones en el comportamiento de las personas, el matrimonio es la base para las generaciones de familias.


El amor real, ve los defectos de su pareja y entiende que debe amarlo como en verdad es, real. Esto es el más difícil, porque siempre buscamos algo irreal. Por lo tanto el período de escoja de su pareja, debe ser con criterio, porque después el matrimonio demanda compromiso mutuo.


El error en el matrimonio, no está en esta institución, mas sí en nosotros, hombres modernos, en la forma como encaramos el matrimonio, “nuestra individualidad”. Cuando los tiempos difíciles llegan, tenemos que aprender a descubrir virtudes maduras en nuestra pareja, y ser mas amable, progresando juntos cada día para perdurar la relación y así mejorar la calidad de vida en el mundo.


El sacrificio de uno por el otro influenciará nuestros hijos en su madurez, día a día, tornándose hombres maduros y capaces de vencer las dificultades de este mundo.


Cuidemos nuestras familias.

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Apóstol David Lladó

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VIVIENDO CON LAS OLAS - S. Mateo 14:30

La experiencia de Pedro andando sobre las aguas tiene un atractivo especial para nosotros. Nos presenta una escena radicalmente diferente a todo lo que hemos conocido en nuestra propia vida. Por otro lado, también nos toca la osada petición del discípulo, que no deja nunca de sorprendernos con sus respuestas impulsivas y espontáneas. Quisiera sin embargo hacer algunas observaciones en cuanto a ese momento particular en el relato, cuando la intensidad del viento y la furia de las olas le pusieron fin a la breve aventura del futuro apóstol.



Las olas no aparecieron en el momento que Pedro comenzó a andar sobre las aguas, el texto nos dice que los discípulos habían estado remando durante unas cuantas horas, sin avanzar gran distancia, porque el viento les era contrario y las olas golpeaban la embarcación. Estas condiciones habían acompañado a los discípulos durante toda la noche, pero hasta el momento, las olas no eran más que un molesto contratiempo a sus esfuerzos. Eran hombres acostumbrados al mar y esto era, seguramente una situación que conocían bien. Del mismo modo nosotros vivimos rodeados de dificultades y aflicciones que muchas veces por el lugar específico en el cual nos encontramos en ese momento puntual de la vida, no tienen mayor impacto sobre nuestras vidas.



Cuando Pedro salió de la barca, las olas seguían siendo las mismas que cuando estaba dentro, su fascinación con la aventura, o con la persona de Cristo, no obstante le permitieron ignorar completamente la existencia de las mismas. Estaba completamente concentrado y absorbido por el desafío de caminar sobre las aguas hacia la persona de Jesús. Del mismo modo, en momentos de gran pasión espiritual, ni siquiera registramos la existencia de los contratiempos y obstáculos de la vida. Su existencia o no existencia es algo que no afecta en lo más mínimo nuestra propia vivencia espiritual.



En un momento, sin embargo, Pedro quitó los ojos de Cristo y miró las aguas, al hacerlo vio las olas que habían estado allí durante la noche. Pero ahora su situación había cambiado, era extremadamente precaria y peligrosa. Las mismas olas ahora le infundían un temor que lo llevó al parálisis e interrumpieron dramáticamente su experiencia de andar por las aguas. Comenzó a hundirse y solamente la rápida intervención del Maestro le salvó de ahogarse.



¿Qué podemos concluir en esta serie de observaciones? Muchas veces creemos que lo que nos ha hecho tambalear en la vida son las circunstancias particulares en las que nos encontramos, la experiencia de Pedro nos revela otra cosa: no son las circunstancias las que nos afectan, sino nuestra perspectiva de ellas. El lugar donde estamos parados en el momento de la tormenta va a determinar que clase de respuesta tenemos. Las olas siempre serán las mismas, Pedro en el barco, Pedro caminando y Pedro hundiéndose, nos muestra que la misma persona no tiene siempre la misma reacción, nuestra perspectiva de las cosas es que va a definir como vamos a reaccionar mediante las diversas circunstancias que enfrentamos en la vida.

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Ptra. Ronilda de Lladó

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UNA ENSEÑANZA MAGISTRAL - JUAN 13.1–15





Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis.»



Nuestra tendencia a separar lo espiritual de lo no espiritual nos ha llevado a mirar con cierto desprecio las tareas más ordinarias de la vida cotidiana. En ocasiones hasta habremos apresurado la realización de algún quehacer doméstico para que nos quede más tiempo para las actividades que consideramos más «productivas».La escena de esta meditación, revela que aun las tareas más insignificantes pueden estar cargadas de significado espiritual. La diferencia no se encuentra en la faena, sino el corazón de quien la realiza.



La decisión de lavar los pies a sus discípulos está cargada de significado eterno. Juan narra que Jesús sabía «que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre» (v. 1) y que «el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que lo entregara» (v. 2). Además de esto, Jesús también era consciente de que «el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba» (v. 3). Lo interesante, sin embargo, es que las profundas connotaciones de este momento no afectaron para nada su conexión con el mundo real y palpable de todos los días. Es decir, su espiritualidad no lo llevó a perder contacto con lo cotidiano, sino que le ofreció el marco para que su presencia en el mundo fuera de mayor impacto.

Jesús no podía alterar en nada el curso que el Padre había trazado para su vida, ni podía asegurar algún tipo de beneficio personal en su decisión de lavarle los pies a los suyos. No obstante, se entregó a esa tarea con el mismo amor y la misma ternura que lo habían caracterizado durante sus tres años de servicio. Su actitud revela la más pura expresión del servicio, aquella prestación que está libre de alguna expectativa de un beneficio personal, «no esperando nada a cambio» (Lc 6.35)
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Apóstol David Lladó
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martes, 7 de abril de 2009

La Iglesia Victoriosa – Parte II

La Iglesia tiene que ejercer triunfo sobre el enemigo y siempre debe estar a la ofensiva. El diablo no debe perseguirle, sino que usted es quien debe perseguir al diablo!". Usted diría: "Bueno, eso se oye muy bien". Sin embargo, la realidad es que no siempre es así. ¿Cómo exactamente vamos a hacer que todo esto suceda? Parece una tarea gigante, pero por fe en Cristo, todas las cosas son posibles (Mr 9:23). La orden de batalla ya fue dada porque Dios nos ha confiado el ministerio de la reconciliación y la palabra de reconciliación (2 Co 5:18, 19). Dios desea que nosotros, los miembros de Su Cuerpo, la Iglesia, reconciliemos a los hombres con Él y para ello nos ha proveído de armas, las cuales “…no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”. (2 Co 10:3, 4). Esas fortalezas que impiden a la humanidad vivir libres de pecado, maldición y condenación eterna, los prisioneros que procuramos liberar tienen que experimentar un cambio mental.
En esta batalla, como hijos de Dios podemos decir con mucha fe: "Padre celestial, nos movemos en el Nombre de Jesús como guerreros en la batalla contra las barreras de la corrupción y contaminación del pecado en su mente. Ya que estos pensamientos pecaminosos se exaltan a sí mismos contra el conocimiento de Dios, derribamos sus barreras y las demolemos. Hacemos esto para que su mente sea liberada para obedecer a Cristo. Lo hacemos con la autoridad de la Palabra de Dios".
Tenemos que pelear esta batalla, pero antes es vital que pongamos nuestros ojos en la cruz y veamos la derrota de Satanás, luego, debemos movernos hacia el campo de batalla sobre esas bases y pelear siguiendo la dirección del Señor. Nuestra tarea no es orar para que Dios salve a nuestros seres amados que están perdidos, Jesús ya derramó Su sangre para salvarlos y ahora nos ha dado la Palabra y ministerio de reconciliación. Por consiguiente, Salgamos fuera y hagámoslo, Judas nos dice: "A otros salvad, arrebatándolos del fuego…" (Jud 23). Amados, Cristo nos compró con Su propia sangre y le pertenecemos, por la misma norma, todos los hombres son Suyos. Juan dijo que la sangre de Jesús "…es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Jn 2:2).

viernes, 3 de abril de 2009

La Iglesia Victoriosa – Parte I

"…sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades [infierno] no prevalecerán contra ella" Mt 16:18; la Iglesia de Cristo simboliza el cuadro de una Iglesia victoriosa sitiando al mismo Infierno y rompiendo sus puertas para libertar a sus prisioneros, Jesús prometió que Él tendría una Iglesia muy osada y llena de poder, esa Iglesia, atacaría las manifestaciones del Infierno en cualquier lugar del mundo que las afrontara. En Lc 4:18 Jesús dijo que vino también a: pregonar libertad a los cautivos.
En esta lucha espiritual Pedro nos exhortó sobre nuestro adversario al decirnos: “Sed sobrios y velad porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P 5:8). Debemos tener bien claro que Satanás solamente anda como un león, pero no es realmente un león. Jesús es el león de la tribu de Judá (Ap 5:5). Satán es únicamente un imitador e impostor, no tiene poder contra Cristo es un ser derrotado por Cristo en el Calvario, y no puede hacernos un daño mortal. (Lea Heb. 2:14; Lucas 10:18, 19). Por eso somos instruidos claramente a resistirle (Judas 9), y para ello primero tenemos que someternos a Dios y así tener la autoridad para resistirle y que huya de nosotros (Vea Stg 4:7) y no estar nosotros huyendo de él, no debemos temerle, yo le pregunto, ¿Usted como cristiano debe temer a las brujería, a los sacerdotes de la magia, y otras prácticas demoníacas? Pues no, en Números 23:23 dice: "Porque contra Jacob no hay agüero, Ni adivinación contra Israel".
No importa qué clase de maldición le quiera poner un brujo a usted; de seguro que no tendrá éxito. Tal maldición puede operar contra los incrédulos, pero si usted es un hijo de Dios a través de la fe en Cristo, estará protegido de todo mal.
La Biblia dice: "He aquí el pueblo que como león se levantará…" (Nm 23:24). Nosotros los seguidores de Cristo adoptamos Su Naturaleza, quien es el león de la tribu de Judá. Nos levantamos como un león para resistir al diablo. Cuando hacemos esto la Biblia dice: "…los demonios… tiemblan" (Stg 2:19).
Otras personas pueden enfermarse o sufrir infortunios y hasta morir como resultado de una maldición, pero no usted.
Como uno de los hijos de Dios, usted se levanta como un león y ruge más fuerte que los demonios, quienes tratan de amedrentarle. Los cristianos nunca deben temblar, son los demonios los que tiemblan.

jueves, 12 de febrero de 2009

Comience hoy el proceso de cambio personal y espiritual – Isaías 1:10-20


A alguien a quien le dijeron que era de suma importancia el cambio personal y espiritual, respondió con una pregunta: “¿acaso está insinuando que soy malo?”, esa fue la oportunidad para explicarle, con base en la Biblia, que era esencial que reconociera que le faltaba un algo especial para llenar sus vacíos, y lo que estaba necesitando con urgencia era a Jesucristo como Señor y Salvador, reconoció su pecado y aceptó al Hijo de Dios, le abrió las puertas de su corazón.
I.- DIOS RECLAMA CORAZONES FIELES A ÉL (Vv. 10-14)
1.- Dios reclama que haya fidelidad en el cumplimiento de sus mandamientos (v. 10)
2.- Dios no comparte la religiosidad fundamentada en obras y no en la palabra de Dios (vv. 11, 12)
3.- A los judíos el Señor pedía sacrificios pero de un pueblo consagrado (v. 13)
4.- Las practicas de adoración revestidas de religiosidad no honran a Dios (v. 14)
II.- DIOS RECLAMA CORAZONES DISPUESTOS PARA EL CAMBIO (Vv. 15-17)
1.- Dios escucha las oraciones de hombres y mujeres, sinceros y fieles (v. 15a)
2.- Dios escucha las oraciones de hombres y mujeres, limpios de corazón (v. 15b)
3.- La disposición para el cambio comienza con la decisión de abandonar la maldad (v. 17)
4.- La disposición para el cambio se manifiesta con hechos (v. 17)
a.- Aprender a hacer el bien
b.- Buscar el juicio
c.- Restituir al agraviado
d.- Hacer justicia al huérfano
e.- Amparar a la viuda
III.- DIOS ABRE LAS PUERTAS PARA QUE SUS HIJOS EMPRENDAN EL CAMBIO (Vv. 18-20)
1.- Si nos rendimos a Dios, recibiremos perdón de nuestros pecados (v. 18a)
2.- Seremos limpiados de todos aquellos errores que nos hacían enfrentar crisis de conciencia (v. 18b)
3.- Al ser limpiados nuestros pecados, emprendemos una nueva vida (v. 18)
4.- La decisión de cambiar es solamente nuestra (Vv. 19, 20)
Dios nos abre las puertas para que emprendamos el proceso de cambio, crecimiento personal y espiritual. Basta que recibamos a Jesucristo en nuestro corazón como único y suficiente Salvador.
¡Nuestra vida será diferente! Aproveche la oportunidad que tiene hoy para entrar a gozar de una vida renovada, gracias a la obra del Hijo de Dios. No deje que pasen los días sin decidirse, con el poder de Jesucristo usted será otra persona.
Apóstol David Lladó

jueves, 15 de enero de 2009

Un día a la vez / Mateo 6:19-34

Cristo deja un consejo, de tono absolutamente práctico: «Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal.» ¿Será que en este consejo se encuentra uno de los secretos de la vida que vivió nuestro amado Señor? Ciertamente no encontramos evidencias en el relato de los evangelios de que haya sido una persona propensa a la preocupación. Las circunstancias más adversas y complicadas no lograban alterar su estado de ánimo.
No cabe duda de que parte de esta entereza espiritual frente a una vida llena de dificultades y sufrimiento tiene que ver con la fuerza de su relación con el Padre, algo que nutría día a día en intimidad con Dios. La capacidad de vivir a plenitud cada día, con sus contratiempos y victorias, también es un factor que marcó un estilo de vida en Él. De hecho, una de las cosas que más frecuentemente nos roba la posibilidad de disfrutar del presente es estar pendientes del mañana. No disfrutamos de la semana porque estamos a la espera del fin de semana. No nos deleitamos en la etapa del noviazgo porque no vemos la hora de casarnos. No nos alegramos en los hijos que tenemos porque estamos demasiado ocupados en asegurarles «un futuro digno». De esta manera transcurre nuestra vida, siempre con la vista puesta en alguna etapa futura que nos roba de la posibilidad de vivir a plenitud el momento en que nos encontramos.

Jesús reduce su punto de vista, a la distancia más corta posible: el día en que estamos. No me mal interprete; no estoy diciendo que Él era una persona irresponsable, ni tampoco que no debemos anticiparnos, en forma correcta, a los eventos que se aproximan en el futuro cercano. Lo que estoy expresando es que Jesús no permitía que esto lo distrajera por un instante de la responsabilidad de vivir a plenitud cada momento que el Padre le traía. La verdad es que ninguno de nosotros siquiera sabemos si estaremos con vida el día de mañana. Más es enteramente posible que por nuestras muchas preocupaciones el mañana llegue acompañado de un sin fin de remordimientos porque no hicimos o disfrutamos de ciertas cosas cuando tuvimos la oportunidad de hacerlo.
¡Qué tremendo desafío para nosotros! Vivir a plenitud cada día, con sus cosas buenas y malas circunstancias, de modo que no tengamos, a la noche, de qué lamentarnos. Todo lo que recibimos es regalo de Dios, otorgado por pura gracia, exclusivamente para sus hijos que tanto ama.
La profundidad de la sabiduría de Cristo debe llevarnos una y otra vez a la sorpresa. ¡Verdaderamente tenía Palabra de Vida!

lunes, 12 de enero de 2009

En las circunstancias por las que atraviesa ¿Cuál es su disposición?

Tras dar la vuelta por la pista del Estadio Olímpico “Pascual Guerrero”, agitado y sudoroso, me dijo: “Lo importante es comenzar la carrera y terminarla. Esos son los verdaderos ganadores. Así no ocupen el primer lugar. Quienes renuncian en mitad de la competencia, se convierten en perdedores”,Conservo grabadas sus palabras. Ilustran el tema: perseverar en la oración significa clamar aunque las circunstancias parezcan adversas. La respuesta vendrá De acuerdo con la parábola, una viuda fue a un juez sin Dios ni ley. Procuraba que le hicieran justicia. Ella iba a su despacho una y otra vez. Lo hizo con perseverancia. Hasta que el magistrado, cansado de la situación, decidió atender su requerimiento.“Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia” (Lucas 18:6-8 a).El Señor Jesús resalta un hecho “...que claman a él día y noche...” Esta frase arroja una idea de constancia en búsqueda de alcanzar un propósito, perseverando en oración.La enseñanza concluye con un interrogante. “Pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿Hallará fe en la tierra?”(v. 8 b). Y usted ¿Qué disposición tiene?Es evidente que, quien no persevera, no alcanza. Es un principio que no podemos olvidar. En las circunstancias por las que atraviesa ¿Cuál es su disposición? Tal vez darse por vencido, o perseverar en oración. O quizá insistir en el clamor, con la certeza de que la respuesta del Señor vendrá.Una característica del cristiano es la fe. Y fe no es otra cosa que llamar “...las cosas que no son, como si fueran”. (Romanos 4:17 b).Le insto para que usted no renuncie. Siga adelante. No cese de orar. Avance en pasos de fe, por encima de las circunstancias.Si desea que le acompañemos a clamar en busca de un milagro que requiere, venga lo esperamos todos los días.